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lunes, 9 de octubre de 2017

140. Retrato de Lucía y Fernando con papel de seda

Boceto previo descartado

Boceto elegido

Boceto elegido

Detalle de una parte del cuadro. Luego se atenuaron con papel de seda azul.

Detalle de Lucía.

Resultado final
Este es otro de los trabajo terminados el pasado septiembre, pero el proceso de este retrato se remonta mucho más atrás.
Se trata de dos niños muy conocidos, con lo cual el retrato no puede ni debe ser objetivo del todo. La persona "encargadora", amiga además tenía como objetivo tener alguna obra mía. Y diciendo mía quería decir mía de verdad, es decir una obra que yo hubiese hecho para mí, como los retratos que pinto a mis niños o mi paisajes.
Para esto el proceso ha sido largo, partiendo de fotografías y de observación, mucha observación y quedarme con la esencia de lo importante. A base de tiempo y detalles me fui haciendo una imagen en mi cabeza de como iba a ser el cuadro.
El resultado final no me lo esperaba, una cosa fue llevando a la otra hasta que decidí en qué punto me gustaba para finalizarlo. Tenía una fecha concreta y eso también ayuda.
De estos trabajos se disfruta, porque además se investiga mucho.
El final me parece muy mágico, muy real e irreal a la vez.
Mi amiga estaba muy contenta con el resultado y me hizo un análisis de la obra increíble. Me quedo con la gran serenidad y esperanza que a ella le inspira la imagen de sus hijos. Ese mirar hacia delante, hacia el futuro que ve en ella.
Todo me lo puso por escrito en una carta cuyas palabras no tienen precio. Esto me tiene que llevar a los inicios de mi vida, hasta el primer recuerdo que pueda tener de mí dibujando y porqué dibujaba. Yo dibujaba porque quería que aquello se quedase de alguna forma grabado, atrapado.
Y parece, creo y espero que este momento de la vida de unos niños, esa magia se quede atrapada ahí.

martes, 2 de julio de 2013

62. Ilustración con papel de seda

Escena del baile
Es una ilustración hecha para el concurso de ilustración de La Casa del Libro Maestro Victoria de Madrid. Había que ilustrar un relato corto: EL NOMBRE DE TODAS LAS COSAS, de Álex Merino Aspiazu.
Después de leerlo varias veces esta fue mi propuesta. Este definitivo es la última versión con añadidos digitales de la que terminé en papel que fue esta: 


Escena del baile. Esta está al natural, sin retoque digital.
El proceso fue hacer bocetos previos y finalmente darle color. Luego los pasé a papel acuarela, los pinté con esta técnica y lápiz de color. Fui combinando papel de seda y papel estampado hasta conseguir el resultado final. El definitivo tiene unos toques digitales: el cielo estrellado y los pescaditos.

El fallo fue el día 27 de junio. El ganador ANTONIO PLAZA (Los accesit: Ana Rodriguez y Leticia García).
Y os dejo la ilustración ganadora.


Ilustración ganadora. ¿Os recuerda algo?

Aquí os dejo la historia por si la queréis leer:


         Después de aquellas intensas horas, por fin estaba leyendo las últimas líneas de aquel libro cuando el techo de la habitación se desplomó sobre mí. Solté el libro y sin pensarlo dos veces acudí al rescate de la muchacha sepultada bajo los escombros. Durante años pensé que en el piso de arriba no vivía nadie, así que di por hecho que aquella mujer debía ser un fantasma, un bello fantasma sepultado, expulsado de ese reino espectral que durante todos esos años tuve sobre mi cabeza. Le tendí la mano y ella la agarró, impulsándose para ponerse en pie. "Gracias", me dijo. "No, no, gracias a ti", le respondí, aunque aquello no tenía el más mínimo sentido. Se sacudió el polvo del vestido y comenzó a enumerar las causas del derrumbe: sin duda el culpable era yo y mi dichoso libro, por lo que estaba obligado por ley a indemnizarla con una taza de chocolate caliente y un beso de amor eterno. Le serví el chocolate, pero le dije que lo otro no podía dárselo. "Es que no te quiero". Ella no se disgustó, parecía esperar la respuesta. "Ni tú, ni nadie", me dijo.
         Le pregunté si era un fantasma, y me dijo que sí, que claro, que qué otra cosa iba a ser. Le pregunté entonces en qué consistía ser un fantasma. "Cada uno lo lleva como puede. Yo bailo, pongo nombre a todas las cosas del mundo y bebo chocolate caliente. Tú mismo podrías ser un fantasma. Pero no lo eres. Tú eres la persona que ha hecho que el suelo que pisaba se viniera abajo, tú y tu dichoso libro". Realmente hizo que me sintiera culpable por ello, así que me propuse darle lo que ella más anhelaba en el mundo: ese beso de amor eterno. "Si la saco a pasear", pensé, "si cenamos, y bailamos, y miramos a las estrellas juntos, tal vez pueda enamorarme de ella, y entonces podré darle un beso de amor eterno".
         Caminamos por las inmediaciones de nuestro barrio, y comprobé que no me mentía cuando dijo que ponía nombre a todas las cosas del mundo. Por el trayecto bautizó cada árbol, cada farola, cada adoquín. Ponía nombre incluso a tal o cual instante, a este o aquel haz de luz, para ella una brizna de aire tenía infinitos matices, y cada uno de ellos recibía un nombre distinto. Llegamos a la puerta de un bonito restaurante que solía frecuentar, y le propuse entrar a cenar algo. Yo, hambriento, pedí comida en abundancia; ella, sólo una taza de chocolate caliente.
         Traté de iniciar una conversación varias veces durante la cena, pero ella parecía absorta en su peculiar ritual del chocolate caliente, por lo que desistí y nos mantuvimos en silencio. Cuando hubimos terminado de comer, salimos a la calle y bailamos. Tan extraño y repentino fue como puede sonarle a quienes no presenciaron la escena. En cuanto pusimos un pie fuera del restaurante se abrazó a mí y bailamos, sin razón aparente, sin explicación posible, sin que nada nos impulsara a ello. Tan increíble fue el suceso que pensé que no habría en el mundo nombre para designarlo, pero ella enseguida le puso uno. Y tenía razón, aquello sólo podía llamarse de esa forma.
         Nos tumbamos en el césped de un jardín cercano que bien podría pertenecer a un inmenso bosque que al patio de un vecino. Nos tumbamos y traté de enseñarle las constelaciones que conocía, pero, ¡tonto de mí!, ¿qué iba yo a enseñarle a una mujer que ha paseado por esas estrellas que yo tan sólo me limitaba a señalar patéticamente con el dedo? Me dijo que, entre todas las cosas del mundo, las estrellas eran lo único cuyo nombre no había podido jamás descifrar. "Son un misterio", me dijo, "y sólo el hombre puede tener la prepotencia de poner nombre a un misterio. Los enigmas hay que ser capaz de resolverlos antes de poder bautizarlos". Y yo, de cuya boca hacía un momento habían salido los nombres de Osa Mayor y Osa Menor, no pude más que asentir.
         Volvimos a mi casa, donde seguían aún los escombros del derrumbe, y le ofrecí otra taza de chocolate caliente, pero ella lo rechazó. "Me marcho", me dijo, "termina de leer ese libro tuyo". Pero yo no quería leer. Quería darle a ese fantasma lo que ella había pedido, lo que por ley le correspondía. "Quiero darte un beso de amor eterno", le dije. Ella sonrió y mirándome fijamente a los ojos me dijo: "Pero es que no me quieres. Ni tú, ni nadie".
         Y tenía razón. No era amor eterno lo que yo sentía. Era otra cosa. Aún hoy soy incapaz de descifrar lo que sentí aquella noche, aunque sé con certeza que ella tendría un nombre para definirlo.



-FIN-

jueves, 13 de junio de 2013

60. Experimentando con papel de seda

Y mientras se alejaban de la isla notaban su presencia persistente. No sabían en qué momento llegó allí. Quizá con ellos, pero no lo sabían con seguridad. Quizá estuvo siempre en la isla. ¿Decidía ella si se iban o se quedaban? Tuvieron suerte en ese caso porque ellos se iban. Había otros que no podían contar lo mismo tal y como habían oído muchas veces en las historias de su abuelo cuando eran niños.
En el momento en el que se rompió el timón supieron que su única salvación era acercarse a ese islote que en un principio trataron de bordear porque, aunque eran ya mayorcitos, siempre habían creído a su abuelo. 

Pues aquí estoy explorando un camino abierto hace un tiempo. Ahora que se han terminado las clases en el cole, tengo un poquito (solo un poquito) más de tiempo y he decidido darle una vuelta de tuerca más al tema de los retratos y el papel de seda.
Partiendo de una foto que me gustaba mucho he hecho la cara con lápiz y acuarela. El pelo solo lo insinúo y empieza el trabajo con el papel.
Este ha tenido varios pasos porque no me convencía nunca....
Al final se quedó como veis en la foto de arriba.

domingo, 26 de mayo de 2013

54. Verano

Este cuadro al que he llamado "verano" está teniendo mucho éxito en la exposición de la VI Jornadas de puertas abiertas de la Plaza del Pelícano. La verdad es que es un cuadro muy especial.
Es pequeño, de 40x50cms. y fue hecho con muy pocos trazos. A la hora de empezar a entonar para darle color me di cuenta de que me gustaba con los colores aguados. Da así la impresión de frescura y frescor veraniego de mi niña relajada y feliz en una playa del norte en verano ya casi cuando se iba a poner el sol.